4 de mayo de 2007

IMAGEN DEL HECHIZO QUE MÁS QUIERO

El otro día merodiaba por mis archivos viejos... encontré éste que me llamó la atención, la verdad es un texto que disfruté mucho... además de tener un bello nombre extraído de un soneto de Sor Juana Inés de la Cruz... espero que lo disfruten y logre despertar interes....



IMAGEN DEL HECHIZO QUE MÁS QUIERO[1]

Dividí en dos partes los pensamientos que me provoca el texto. Uno es aquel que avoca en mí Maria Rosa Palazón, el de la mujer enamorada del personaje que se adentra en ella o ella en él, de la escritora que pareciera que se convierte en sus ojos y ve lo que él vio, que se convierte en sus labios y dice lo que él dijo, que se adentra en sus memorias y recopila su pensamiento, es como si Fernández de Lizardi moviera mágicamente la mano de Maria Rosa Palazón y él escribiera a través de ella.

Maria Rosa Palazón describe, siempre descripción, a donde voltee hay una descripción hermosa, detallada y pulida como pocas, descripción en el lenguaje, las palabras que se usan, los contextos para usarlas, me muestra la forma en la que se comunicaba la sociedad de la época, me muestra la forma en la que se conducía, los contrastes, las diferencias en la forma de vestir, de pensar, de actuar, entre la mujer de peinados ostentosos y la criada que le carga la canasta, la diferencia entre el criollo y el español, entre el excomulgado y el que da los santos óleos. Para mi su descripción va más allá porque describe desde lo más burdo, la forma en la que se alimentan, hasta lo más complejo en todos los sentidos, habla desde el pan que consumen, alimento de sus cuerpos, lo que escuchan de un ministro religioso y alimenta su espíritu, hasta lo que leen y alimenta su mente, todo describe, más a allá de mostrarme a un hombre me muestra al hombre inmerso en esa sociedad y la forma en la que él interactúa con ella , la forma en la que dice lo que piensa, lo que siente, como no hay forma de amordazar sus convicciones, aunque un día publique una disculpa, sabes que mañana volverá a ser fiel consigo mismo y dirá lo que nadie quiere oír, no es que sea hipócrita, o que se venda así mismo al disculparse, simple y sencillamente debe ser el instinto de supervivencia. Me habla de la burocracia, de los procesos de legitimización, incluso para existir Fernández de Lizardi tiene que comprobar que es lo que dice ser, un criollo. Me habla de un estrato social que nunca se trata o raramente, de los que están en medio como Fernández de Lizardi, de la “pobreza del estado medio” de los que nos son ricos, pero no se mueren de hambre ni son criados, de los que tiene acceso a ciertas cosas, pero tienen que aparentar que tienen lo que ellos saben que no, y hablando de esta clase media, la novela me habla de la importancia del trabajo, de luchar por tener una posición estable al menos económicamente

El otro es el que me produce el hombre que se describe a sí mismo como si estuviera frente a un espejo y su vida pasada y presente le pasara como una película y ahora me contara todas sus hazañas, sus derrotas, su vida y obra: José Joaquín Fernández de Lizardi. “mis vivencias habrían sido el mero tránsito espontáneo y casi imperceptibles entre el fue y el será, hacia donde tendieron espontáneamente”

Veo en él al criollo, este ser orgulloso del pasado indígena aunque de éste no tenga nada, percibo al español americano que no siente lazos con la península, que no se siente parte de, que se tiene que adueñar de la identidad que va construyendo en la tierra en la que nace, que se apropia física y culturalmente de ella, que enaltece las diferencias que encuentra entre los de su raza y los peninsulares.

La muerte de su padre me habla del alma de José Joaquín, me habla del tormento al recordar cada cosa que había hecho el uno por el otro, de cómo la muerte es un golpe para cualquiera y de cómo lo lleva a encontrar su lado espiritual, quizá a expresar de algún modo que debe existir algo más allá que esto, que lo que percibimos.

Me fascina la forma en la que se refiere al racionalismo, a estas lecturas que lo llevan a convertirse en pensador, que como él dice lo liberan del recluimiento mental, de cómo todos estos libros a los que tuvo acceso lo capacitan, le dan lo que él llama “lentes de larga vista” ahora puede ver más allá y por la tanto ir más allá, es ahí donde nace su vocación de pensador, “pensador deslenguado entre autoridades que sólo admiten loros y monos vanos” él no es como los otros que siguen y dicen lo que los demás quieren escuchar, él es diferente el piensa y eso lo hace distinto, por eso es El Pensador Mexicano.

Me habla de la Independencia de ese sentido de perdida que arrojó en él, “unos hacen la América, yo la pierdo” de la perdida económica, de las masacres, de la Independencia de la que no se habla en los libros de texto, ésta la que cuenta Fernández de Lizardi es la lucha de lo que ya no se sabe ni porque se lucha, de la crueldad con la actúan los seguidores de Miguel Hidalgo, de lo lejos que quedan de él, de los distantes y distintos que parecen.

Finalmente me habla de su espíritu crítico, porque “ha hecho mas daño con sus papeles que Morelos con sus cañones” de la lucha personal por publicar lo que no quiere que sea publicado, lo que vetan, lo que reprimen, no le importa la cárcel, no le importa perderlo todo si a cambio va a expresarse libremente, va a ejercer la libertad de imprenta, va a escribir lo que siempre quiso, porque si no lo hiciera… ¿cómo tenia el coraje de llamarse así mismo El Pensador Mexicano?, tenía que hacerlo, era un deber consigo mismo más que con cualquier otra persona o cosa, más que con la patria de la que siempre alardeo y defendió creo que el compromiso era con no convertirse en uno más del montón, de los que dicen cualquier cosa, de los que se mueven de acuerdo a la situación y la aprovechan, de los que fingen frente a quienes tienen el poder, él siempre hizo todo abiertamente, a la luz publica y a esa luz conservo su reputación de haber dicho siempre lo que creyó correcto… “nunca he sabido jugar con los resortes de la adulación ni fingir que obedecía y paralelamente, tender trampas agudas a los mandatos. Soy un fracasado en el disimulo”



[1] Palazón, Maria Rosa, Imagen del Hechizo que más quiero, Planeta, México D. F. 2001

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