4 de noviembre de 2008

de un celular que tuve...

4 llamadas al celular en menos de una hora... estúpido celular, nunca había detestado tanto algo que yo misma decidí adquirir, que espero cambiar en corto plazo y que me encantaría que fuera de otro color... aquellos que se deshacen de mi los días inábiles y pueden pasar tres días sin recordar mi sola existencia, ahora justamente hoy se urgían por encontrarme y expresarme la necesidad que de pronto les acomodó una reunión...

sí así es, me vi cruel y maquiavelicamente manipulada por una estúpida caja rosa que yo misma decoré con esmalte de uñas...

Qué patetico me resulta pensar que ahora ya no es necesario que me controlen con una mirada como cuando tenía 9 años y entendía la forma exacta de los ojos de mamá furiosa, porque ahora el control es distinto, porque nadie me pregunta cómo estoy sino dónde y no hay forma de perderme si me delata algún ruido de espacio que anido por un momento...

Quizá ya no cambie de celular y mejor lo lance por el primer puente que vea al cruzar un canal, quizá pierda mi batería por el excusado, no sé, a lo mejor me lo roban mañana por que lo dejé en la primer banqueta que encontré, quizá accidentamente se golpee contra la pared, quizá se caiga en el cereal de la cena de esta noche, no se... muchas cosas acontecen con esos aparatejos de mala calidad...

Miserable celular, cajita de sorpresas absurdas, control remoto de padres, amigos y jefes.

(reescrito)

Karla Licano

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