19 de diciembre de 2008

sobre el asco poético

Estaba leyendo a James Joyce, por puro gusto o disgusto; ya no sé… Y ya el prólogo me iba diciendo que “la cabeza que sea bastante fuerte como para leer a Ulises no se dejará trastornar por él” No tengo idea de si el huevo que cargo arriba del cuello sea lo suficientemente fuerte, sólo sé que su estilo literario es hermoso; la detallada prosa; ese lenguaje poético que siempre termina seduciéndome y me entrega a las lecturas desbordada, ese idioma que yo misma he ido construyendo para mi uso y desuso, que como algunos dicen, torna a las letras acariciables, pero que en el caso de Joyce además vienen empapadas de realismo; tal cual, sin ningún adorno, de la realidad de la mente humana en su más fatal concepción, en su naturaleza mórbida y despiadada; productora de ascos continuos, en sus justificaciones sin sentido, en la justificación absoluta de quien lo escribió, volviéndola: asquerosamente poética.
Me siento identificada con su forma literaria aún cuando la mía queda extremadamente por debajo de la suya, y si parafraseando a Borges uno es los libros que ha leído, yo tomo el recurso literario de éste y amablemente dejo la lectura…
Después de los primeros capítulos, ya no me interesó y no porque sea un mal libro, la retórica es bellísima, la traducción fenomenal, y hablando del traductor, me permito retomar su idea: y comentar un poco sobre mi falta de interés en la colosal obra: "en la tradición calvinista puritana, con su intenso sentido de “predestinación” entre los “santos” y los que se han de condenar, resulta más escandaloso semejante destape total de la conciencia, porque, a ese nivel básico, en la “palabra interior” el lector puede desconfiar de pertenecer a los “santos” al descubrirse tan parecido en su mecanismo mental a los personajes literarios, por más que procure reprimir y limpiar su pensamiento" J.M. Valverde
Asumiéndome como lectora, no lo hallo de ese modo, creyendo en la “predestinación” y considerándome “salva” como él lo menciona, pregunto: ¿a qué vendrá esto de la “duda”?, quien sabe quién es no lo dudará porque le cuentan que existen los de matices rojos, además hablando de “palabra interior” no hay más aguda que la de Agustín de Hipona y sus Confesiones (pero bueno como estamos hablando de “predestinación” pues llamémosle San Agustín como algunos tienen por costumbre) y debo decir que en sus Confesiones hallo más realismo que el de Joyce y una oscuridad más profunda, San Agustín, es poético y produce asco, mucho, entonces bajo la concepción de Valverde ¿los puritanos tampoco lo habrán leído por considerar que se hallarían similares a la naturaleza de Agustín? ¿Acaso no somos todos los seres humanos tendientes a la misma naturaleza, maldad y perversión que se ven reflejadas en lo que pensamos? Creo que no se pudieron haber librado de leer a Agustín porque las obras de Calvino fueron inspiradas en Lutero quien a su vez se considera influenciado por Agustín y por Erasmo, sería más trágico entonces hallarse parecido a un personaje real que a uno literario, ¡qué desgracia!
¡Bah!... yo como ni soy moralista ni puritana sino una mujer conciente de quien es; pecadora como Agustin ( por eso le quito el santo) y justificada (ahora sí se lo pongo) en el intento de conocer a un Dios tan bueno y de vivir para ÉL, pues me importa un granito de mostaza (para ser biblíca) lo que diga J.M. Valverde sobre las morales rígidas que provocan a no leer este tipo de textos, , después de todo resumo el libro de Joyce en las siguientes palabras "Busqué también entonces qué cosa era la maldad y no hallé que fuese sustancia alguna, sino un desorden de la voluntad que se aparta de la sustancia suma que sois Vos, Dios mío, y se ladea y une a las criaturas inferiores, que desecha y arroja todos sus bienes interiores y se muestra en lo exterior soberbia y orgullosa" San Agustin .
Y que pereza mental me produce un libro carente de perspectiva que sólo se regodea en la maldad pero que no da destellos de algo más, que no ponga en contraste quién es Dios y quién es el hombre, la diferencia abismal y la necesidad profunda de un acercamiento que lo libere de sí mismo y su asco, poético, bellamente poético, pero que no deja de ser productor de asco sin una razón.


Dispuesta a quemarme en la hoguera encendida por la santa inquisición de los intelectuales modernos:
La Licano.

1 comentario:

AlejandraOrtiz dijo...

Gracias Karla, estoy de acuerdo contigo y realmente entiendo lo que dices. Me pasó algo similar con Ernesto Sabato, en fin...De nuevo, gracias.