15 de febrero de 2009

muchacha corazón de tiza en el jardín de las flores oscuras


La otra tarde abrí los ojos...
Vi un jardín en el que el cielo lloraba constante; caían a aguaceros sus lágrimas y con rayos y truenos las piscas de luz trataban de borrar los dolores que embargaban a las flores oscuras, todas vestían su luto, cantaban su pena, transpiraban su miseria, algunas estaban desechas; ya sin pétalos, otras tantas se habían cubierto de espinas y la maleza había crecido en ellas; vagaban ausentes: vagaban presentes, bailaban dolientes; aullaban gimientes.

No tenían fuerza en sus tallos, se habían convertido en títeres del viento que las arrastraba de un lado a otro, estaban donde no querían estar, pero ahí estaban... Me quise acercar a una de ellas para que me contara su historia, quería entender la melancolía que embargaba ese lugar, quería conocer a esas flores que no estaban marchitas, que parecían vivas, pero que caminaban yertas... me deslicé suavemente por el césped formado de clavos y tornillos, de engranes oxidados y tachuelas... Llegué hasta la de ojos pequeños, hinchados y secos, parecía que sus pequeños lagrimones le habían encogido el corazón, ella tenía un lazo que provenía de su pequeño cáliz y la ataba al centro de la tierra, parecía que era el centro, parecía que era la tierra, entonces, con una de sus hojas como si fuera una mano apuntando hacia la izquierda agachó su corola y me dijo -él me mató-


No quise quedarme, su dolor me estaba hiriendo, caminé hacia la flor oscura que tenía el pistilo crecido; parecía una deformidad que la hacía más bella, era rojo y resaltaba entre todo el transtorno de sus pétalos carbunclos... cuando se dio cuenta de mi presencia, se encogió y dejó derramar todo lo que estaba conteniendo, el aguacero interno, el más denso que jamás haya imaginado y creído que podía guardarse dentro, señaló un punto al horizonte y me dijo -él me arrancó-

Me retiré rápidamente y cuando me di cuenta todas sabían de mi existencia... se acorralaban así mismas hablando todas a una voz, la cual yo no era capaz de distinguir, apuntaban al norte, otras al sur, otras al este y al oeste, a los puntos cardinales, al sol, al viento, llovía con más fuerza y el cielo crujía como si se fuese a desprender en cualquier momento… me quedé quieta, muy quieta detrás del árbol pardo: -el me pisó-, -él me mató-, -él me aplastó-, - el me extirpo-, -él me asesinó-, -él me lapidó- entendí que decían las flores oscuras mientras…


CONTINUARÁ...

2 comentarios:

SOMMER dijo...

Vaya, pues espero ansioso la segunda entrega.

Besos.

Jon dijo...

Bonita historia, ya tengo ganas de leer la segunda parte :)

Un beso

PD: Te agrego a blogs que sigo ok? ;)