4 de abril de 2009

de una mañana...

En tempestad y también su clima… no hay duda, la ves venir y no te incas; te va rodeando lentamente y te acostumbras, aprendes a vivir en ella: entre los vientos bárbaros que se vuelven parte de tus días, le perteneces a las altas, secas y abstractas temperaturas, no tiene sentido el sistema de refrigeración porque cuando este desierto te guardó en sus centros ya estás congelado, porque te atrapa la oscuridad de una noche sin estrellas y a la mañana siguiente no sabes a dónde dirigir tu mirada por la luz solar, ésta que revienta contra tu frente, que se estrella al compás del viento azotando las ventanas y rugiendo contra las puertas de tu ser, o casa, o cualquier cosa que puedas llamar hogar… ¡Ay! los ventarrones en el desierto que nos dejan sin una huella… que mueven montañas a falta de fe y el soplo enardecido las desmorona arrojándolas al otro lado del desierto, donde ya no queda nada de aquellos pasos por los que anduviste y también los rostros lucen tan distintos ante la gran cortina. Realidad borrosa, quizá son los lentes de contacto los que impiden abrir más los ojos, ¡tengamos miedo de ver!.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay, el lindo desierto... pero como levanta polvo el viento y luego o puede uno lavar el carro.

Cheers.

Israel

Joaquina dijo...

si esta muy raro esos ambientes
asi arenosos y pesados
a mi me enferman
me sacan lagrimitas

pero que podemos hacer?
medicarnos?
curarnos?
ir con un brujo

limpiar cuando cae el polvo
hayyy

me salen más labrimas


suzi.yantra

magnolia dijo...

y el mar qué, eh qué...a mi me dejó los labios más partidos que el desierto tanto que no podía hablar, me dolian, tampoco podía llorar porque pensaba que ya había mucha agua, igual y el desierto es más chido, no sé.