26 de septiembre de 2009

Me parezco a mi papá

La última vez que fui de compras a una de mis tiendas favoritas con mamá, la vendedora me dijo –cómo te pareces a tu papá-. La semana pasada que estuve atendiendo el negocio, escuché lo que le decía uno de los clientes al señor que trabaja con nosotros – ¿no está el jefe?, viera, me gusta platicar con él, es muy amable, y se nota que lee mucho, es un hombre muy culto- entonces quien lo acompañaba me preguntó –¿es su papá? yo asentí –de volada se le notó en la cara de orgullo– me respondió.

La muchacha que también trabaja con nosotros, dice que la primera vez que me vio notó que camino igual que papá, que reacciono como él, que gesticulo como él y que soy igual de mandona que él, razón por la cual a veces me llama ”Sotita” como el apellido de mi papá… sí, es que yo no tengo su apellido, pero lo que ahora les contaré les explicará todo, incluso mi asombro por ser tan parecida a él:

Papá, es hasta hoy, el hombre más importante en mi vida y el constante recuerdo de la bondad de Dios, de su cuidado, de su soberanía, de su respuesta y de que las cosas no siempre son como tú las imaginas pero son maravillosas aún en aquellos momentos en los que no logras entender cómo entraste ahí y quisieras salir corriendo.

Hace 11 años Mamá fue a orar por alguien que había tenido un accidente y estaba hospitalizado, surgió una amistad y cuando salió del hospital fui a conocerlo… esa primera vez que lo vi, simplemente me encantó y le dije a mamá que se casaría con él, -no me gusta, Karla, es 13 años mayor que yo- me replicó, entonces le dije que no se preocupara por nada. Algo me daba la certeza de que él estaba entrando en nuestras vidas y ya no saldría de ahí fácilmente. Su amistad empezó a crecer, se fueron enamorando y después empezaron una relación en la que yo también contaba. Papá me dijo un día que él quería ser mi amigo y que se casara o no con mi mamá, yo debía saber que podía contar con él siempre.

Así, empecé a conocerlo y ya vislumbraba ciertas cosas que me gustaban de él y otras que no tanto. Pero no fue hasta que se casó con Mamá y empezamos a vivir juntos que fui descubriendo su temperamento fuerte y reacio; esa cara de ogro que oculta la miel que le corre por las venas, sus manías absurdas; como esa obsesión hipócrita por la limpieza y el órden, y digo absurda e hipócrita porque ya cuando lo conoces bien te das cuenta que no lo es tanto. Sus contradicciones: lo exigente que es pero lo fácil que se desanima con ciertas cosas, la fortaleza que muestra aún a la carga de inseguridad, temor y debilidad. Su más grande miedo, al fracaso. Su amor por la cocina y por ayudar al prójimo, es que a él le encanta ayudar al prójimo dándole de comer, sólo que aún él mismo no lo descubre. Sus dependencias, como esa extraña que tiene por mi madre, creo que es su mejor amiga y quizá desde que ella está en su vida él ya no se siente solo, sé que no le gusta estar solo, papá no necesita decirme que le teme a la soledad para que yo lo sepa. Lo poco que muestra su amor pero lo fácil que se derrite ante la muestra del mismo, sus quejumbrosos abrazos. La facilidad que tiene para fastidiar a la gente por cosas pequeñas o por defectos, aunado al don de hacerme enojar y la risa burlona en la que noto cómo lo goza. Su afición por no permitir que nadie sepa más que él, sólo él sabe cómo se hacen las cosas, su necedad y terquedad y esa manía por no reconocer cuando se equivoca, siempre tiene que hacerse el fuerte, cosa que jamás he entendido si de todos modos ya sabemos cuáles son sus debilidades. Pero de cualquier modo es así es como he entendido el porqué nunca te dice si hiciste algo bien y las pocas o nulas veces que agradece o valora tu esfuerzo. Lo susceptible que se puede tornar ante un tono mal empleado o elevado, porque papá detesta la agresividad cuando no proviene de él. También he descubierto lo sencillo que es demostrarle que te importa y tenerlo contento, sólo tienes que obedecerlo. En realidad, lo difícil que es demostrárselo, sobre todo cuando uno carga una naturaleza como la mía.

Sé que este no es un escrito común, debería de esmerarme por contarles sus virtudes, pero lo que llamamos defectos son los que lo hacen ser quien es y es por ello que lo amamos, y es que Papá no es miel sobre hojuelas, se le olvidan muchascosas y por ello me ha producido corajes inmensos en los que me han dado ganas de no volverle a dirigir la palabra, no le ha dado importancia a aquello que para él no es importante y eso también me ha hecho rabiar, pero estoy segura que si alguien ha luchado contra mi arrogancia y egoísmo todos estos años, es él y sé que no han sido sencillos.

Hoy que tengo 24 y desde que lo conozco, él tiene 47, ( ¡vaya usted a saber cuántos años tiene en realidad!) puedo entender muchas cosas y ver que Papá ha hecho de mí su hijo heredero, no en un sentido económico, sino de vida, porque gran parte de lo que soy es de él porque soy yo la que conoce su fórmula de vida (aunque él diga que eso no tiene fórmula), su lógica de pensamiento y por lo tanto la que sabe cómo actuaría él en tales o cuales circunstancias. Soy yo la que vive con él y la que escucha sus ronquidos en la habitación contigua, soy yo la que lo escucha despertar todos los días a las 6 de la mañana con el sonar y resonar de sartenes. Yo soy la que tiene años con un chef espectacular en su casa y la que ha logrado aprender tanto de cocina, soy yo a la que ha levantado del suelo después de un desmayo, a la que ha regañado tantas veces por las mismas cosas y a la que le ha comprado los zapatos más lindos del planeta, porque soy yo la que tiene poderes de convencimiento que ni el mismo nota. Soy yo la que ha llorado con él cuando ha tenido miedo, cuando no ha entendido circunstancias y es él el que siempre me ha recordado que sin Dios no puedo llegar muy lejos. Soy yo la que se ha desvelado contandole sus sueños mientrás el cocina y coce, es a mí a la que ha le ha contado sus sueños y sus anhelos, sus "habría", sus "puedo", sus "quizás" y por lo tanto soy yo la que ha logrado capturar el significado profundo de su vida, las palabras claves de su existencia: Dios, familia, honor, pactos, practicidad, previsión, legado y confianza. Por eso soy yo la que bien sabe que Dios nos puso, a mi en su vida y a él en la mía, para que él me formara, me diera dirección y que un día alguien dijera “cómo te pareces a tu papá”.

Karla Soto/Licano

6 comentarios:

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Una vez le dijerona a mi madre:
"Idái vos, mirálo cómo se parece el Guayito a su papá" -tenía yo 10 años-

- Sí, -dijo mi madre- pero se va a componer...

15 años más tarde, hoy, dicen que soy casi idéntico a él en varias cosas. Escuchar eso es algo que me llena de honor más que las palabras aprobatorias de un jefe, o las felicitaciones por haber terminado cierto grado de estudio, o las congratulaciones por haber desarrollado un proyecto muy difícil, o por haber inventado un sistema de algo...

Lo difícil es, que como hijos, tenemos el deber de llegar a ser más que nuestros padres, ahí está lo canijo :S

Saludos!

Mustaine dijo...

Excelente Post lo mejor de este dia

Karla Preciado dijo...

Definitivamente, tu blog me encanta.

magnolia dijo...

pues su papi que bonito eh!!
ya visiteme!!!

ѕocιaѕ dijo...

ahh no se que senti al leerlo! muy lindo emotivo! increible como pasan las cosas, quebueno que lo quieras tantio y que te sienats orgullosa de el y de que te digan que te pareces a el!
saludotes

Angus dijo...

No se que me gusta más si el estilo de tu blog o lo que escribes. Leerte me parece un auténtico placer. Destilas belleza y emotividad por los cuatro costados, es una delicia.