13 de octubre de 2010

homesick

Dentro de las cosas maravillosas que uno puede tener... esta su casa...

La casa propia es un bien inconmovible, donde a pesar de que uno se encuentre en el lugar más hermoso del mundo, jamás tendrá comparación con aquel en el cual la memoría ha sido fértil.

Sí,  aún cuando sea la ciudad más peligrosa del mundo, ha sido tu casa... y sólo desde lejos, se puede contemplarlo todo, pensarlo todo, llorarlo, vomitarlo, gritarlo, soñarlo y sangrarlo para finalmente sanarlo.

Desde aquí... es cuando puedo decir al fin lo agradecida que estoy, sí, por haber crecido en esa tierra, en esa desolación; donde las desventajas sociales son evidentes pero donde aunque el fuerte domine no logra penetrarnos a todos, donde la comodidad no se ve más y más allá de paralizarte cual vecino mounstroso, te forza a abrir los ojos, los labios y la mente... para mover las piernas y salir de allí...

Y así... Estoy agradecida por este amor -odio que por fin halló consuelo dejándome decir: Te amo Juárez... te extraño... pero no quiero volver a ti.

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