30 de noviembre de 2010

sobre ser una más

Aquí, ella es una mujer más que camina, no tiene nombre ni apellido, nadie la recuerda por nada, no conocen a sus padres y nadie la señala porque ni siquiera saben de su existencia en este mundo.

Es una más: otro par de ojos, otro cabello que mueve el viento, otros pies que recorren la arena, otras fosas nasales respirándo aire.

Aquí, nadie sabe su pasado, ni su futuro. Y a nadie le importa ninguno de los dos.  Es una más... una más que abre los ojos día tras día y a quien nadie piensa llamar durante la jornada.

29 de noviembre de 2010

Un libro

Quiero escribir un libro, alto, pelirojo, de proporciones abundantes, piernas largas y prejuicios cortos, lleno de sueños;  de nostalgias, de dolores,  de alegrías,  de exilos,  de café en las mañanas, de maíz, de harina sin levadura, de  tierras dejadas atrás y cariño por constantes adopciones, casi vicios.
Un libro claro, blanquesino, lechoso, carnaval de buenos días, de malas noches, de caminos largos y carreteras mal hechas,  de crítica constante.  Abundante en palabras quisquillosas; manzanitas, color azul y sonrisas a pesar de capitales negados.
Un libro con esperanza, un libro justo, sin un precio, que tenga un Dios; accesible, cercano, comprensivo, que no este acomodado en su trono, que derrita a todos a su paso, que les revele su amor.
Donde los personajes sean uno y sean todos  a la vez, y allí, bajito, a susurros, estén las manos de todos indicando que no son felices por poseer un diálogo, sino por ser parte de la historia.
Un libro que tenga mucho frío, un frío constante, que aparezca huyéndole en todas las escenas y por lo tanto, que esté el sol muy presente, dándole fuerte a cada uno de los poros empapelados.
Quiero escribir un libro, un libro bueno, pero tampoco sin maldad, sin colores pasteles, pero tampoco con exceso de borgoñas, simplemente un libro, que le guste a quien lo lea y que cuando lo haga, tenga una sonrisa esperándolo en el espejo.

24 de noviembre de 2010

cuestionamientos de un miércoles cualquiera...

¿Qué han hecho de nosotros?

No, quizá esa no es la pregunta correcta, corrigo; ¿Cómo hemos permitido que nos conviertan en esto?

Es que... bueno, yo creía, en mi vaga y confusa imaginación -un poco deformada, debo aceptarlo-  que los seres humanos eramos curiosos por naturaleza, que queríamos enterarnos de todo, como por obra de algún mal endémico, vaya,  como buenos seres humanos, estirpe de Eva, mujer curiosa quizá como pocas. Porque ¿Què no queríamos conocer el bien y el mal? ¿Qué no era la nuestra, una curiosidad morbosa, estruendosa, aventurera, dispuesta a todo? ¿Qué no nos costó el paraíso?...

Entonces, ¿Cómo es posible, que nos hayamos dejado envolver en esta comodidad? convirtiéndonos en pasta homogénea que cambia de nombre según la época,  ¿Cómo es que aprendimos a quedarnos callados y a aceptar todas las cosas tal y como nos son dadas? ¿En qué punto nos perdimos? desviándonos de la naturaleza inquisitoria que nos fue dada, ¿En qué camino, señores seres humanos, ergidos en 2 pies y con la posibilidad de alzar las manos,  olvidamos que  para eso son?

¿Quién nos enseñó a parecernos tanto? somos iguales en cualquier esquina del mundo, ¿De quién aprendimos a enfrentar a la vida misma, llena de fuego, ardor, pasión, tormenta y mar de curiosidades con el rostro en blanco y negro,  genéricamente triste, amodorrado, falso e hipócrita, compulsivamente hipócrita y con la resignación que deja caer los brazos a tierra con apatía enfermiza - verdadero cáncer del mundo-  ¿Y cómo demonios lo aprendimos a hacer tan bien?

No sé... quizá  sea yo.... quizá es que he venido a comprender, que el mundo está como está... porque nos han logrado convencer, porque hemos comprado la idea de una falsa paz, vaya, que vivamos dejando en paz a los demás, dejándolos hacer lo que quieran y nosotros estaremos tranquilos, por lo tanto quedate callado, no preguntes, no averigues, no indagues, no, no, no, no.... ¡¡¡No!!!!  yo no puedo, yo necesito saber cómo es el mundo, cómo funciona, yo debo satisfacer todos los porqués que me atormentan, aunque resulte desilusionada como ahora, aunque termine dándome cuenta de que todos somos iguales,   de que todo el mundo es igual, asquerosamente apático.

21 de noviembre de 2010

Defensa de la paz

No están ustedes para saberlo, pero yo sí estoy para contarlo; vaya,  queridos lectores, que la Paz, últimamente, no me deja dormir.  La ando soñando todo el tiempo, la imagino y pienso bajito en ella, y me pregunto, ¿cómo será?

¿Será?...  Porque yo sólo la he visto en sueños, ya saben, de esos sueños en los que uno nunca le ve el rostro a nadie, si acaso una que otra mano o un pie todo borroso, lleno de luz o de sombra, todo depende, pero jamás una imágen nitida o completa.

¿Que le tomé prestado su viejo Antonio al ¨sup¨ en una carta que le envió a Galeano? sí, que aunque se lo ofrecía a él y no a mí, con esto de las correspondencias cibernéticas uno se entera de todo, vaya, y yo lo tomé prestado cuando dijo: 
"Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño"

Y si últimamente sueño, algo querrá que yo diga, que yo sienta, que me arda dentro, que me acelere el corazón y no sólo que me duela,  para que sea motor y no me detenga, algo será, algo digno habrá de contarme esa famosa Paz, algo  querrá que yo eliga, algo querrá que yo defienda...

Y no me vean con esa cara, quiten esas sonrisas burlonas de sus rostros, que no estoy hablando  de iniciar un movimiento mesiánico y  no soy ¨enviada¨ de la paz, ni su ¨elegida¨,  ni cualquier chorrada de estas. Simplemente soy una mujer, una mujer grande, una mujer que sueña...

Que sueña con la Paz...

Ahhh...

20 de noviembre de 2010

palabra

Tengo ¨la palabra¨ atorada detrás de la lengua, y quisiera sacarla, pero mejor me espero a que explote por sí misma; Así no la obligo, así no la canso, así no la estirpo y ella sale sola, a pasitos, dando vueltitas; danzando entre teclas y papel y arena y lluvias y lunas llenas... Mejor espero a que baje al corazón y salga por mis dedos... y vaya cargada con la sal y el azúcar, y el terror y la esperanza  que pobla cada una de mis venas.

15 de noviembre de 2010

quiero ser




Quiero ser música, poseer cada vibración, adueñarme del sentido de cada silencio y fluir en cada sonido, en cada fibra de mi ser, ahora musical, despertar para dormir, cantar y callar, reír y llorar al mismo tiempo, destrozar, desgarrar y acariciar... Quiero ser una melodía triste, melancólica, capaz de producir dolor y rabia, y a la misma vez surgir  como tormenta de quietud, empapándolo todo de una calma serena y limpia, y así desbordarme sobre un tímpano, o dos, o tres, o los que sean...

Comunicarme sin palabras, con los ojos abiertos o cerrados, da lo mismo, ¿qué me importaría que no me entendieran si yo fuera música? sí; bella, intocable, invisible, etérea, estimulándolo todo a mi paso, ¡estruendosa! con notas altas, ¡altísimas!, ¡qué me importaría mi estatura si yo fuera música!... Sí, una melodía entre los dedos de un pianista,  una pieza nocturna que aparece a la luz de la luna y bajo las estrellas de un cielo profundamente oscuro.

Y no quiero terminar por allí en algún pentagrama, no, yo no cabría, enjaulada entre eso que llaman do, re, mi, entre líneas y corcheas ¡No! quiero ser libre, única, nacer una sola vez y después desvanecerme, existir, para después perderme entre las incontables melodías que surgen sin que nadie se dé cuenta.

4 de noviembre de 2010

homesick II

Recuerdo cuando vivía en tu casa y me molestaba contigo por cualquier estupidez, porque no aplastaba del modo correcto la pasta de dientes, porque manoseaba un pan y nunca me lo comía completo, porque abría mal la caja de cereal, o simplemente porque dejaba cualquier cosa fuera de lugar. A veces no eran estupideces, era porque no respondía a tus demandas de inmediato, porque era demasiado egoísta, porque pensaba sólo en mi y en mi comodidad, porque tú intentabas formarme, hacer de mí una mujer completa, capaz de responder ante cualquier circunstancia...  Recuerdo tus bromas pesadas, còmo me hacías saltar de la cama cuando tocabas fuertemente la puerta de mi recámara, después sólo escuchaba tu risa burlona, la misma risa que soltabas cuando jugabas con los mil y uno apodos con los que siempre me has llamado...  Recuerdo estar sentada en el borde de la cama de tu cuarto, platicar contigo hasta que mi madre se desesperara porque no la dejabamos oir la televisión, comer cacahuates contigo ¿Sabes? el otro día compré un botesito de cacahuates sólo porque sé cuánto los disfrutarías...

No sabes cómo tengo ganas de quedarme despierta hasta tarde por conversar contigo, no sabes cómo quisiera que me llamaras la atención por cualquier motivo, no sabes lo que daría por estar sentada contigo a la mesa,  no sabes cómo extraño el olor a café en las mañanas, el olor a pan tostado con mantequilla en el comal, el olor de tu casa, mi casa, la nuestra, el nosotros cercano, cotidiano, papá, mamá e hija, el viento, el sol grande, el abrazo... No sabes cuánto lo extraño... tanto que en este justo momento, no puedo parar de llorar.