21 de noviembre de 2010

Defensa de la paz

No están ustedes para saberlo, pero yo sí estoy para contarlo; vaya,  queridos lectores, que la Paz, últimamente, no me deja dormir.  La ando soñando todo el tiempo, la imagino y pienso bajito en ella, y me pregunto, ¿cómo será?

¿Será?...  Porque yo sólo la he visto en sueños, ya saben, de esos sueños en los que uno nunca le ve el rostro a nadie, si acaso una que otra mano o un pie todo borroso, lleno de luz o de sombra, todo depende, pero jamás una imágen nitida o completa.

¿Que le tomé prestado su viejo Antonio al ¨sup¨ en una carta que le envió a Galeano? sí, que aunque se lo ofrecía a él y no a mí, con esto de las correspondencias cibernéticas uno se entera de todo, vaya, y yo lo tomé prestado cuando dijo: 
"Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño"

Y si últimamente sueño, algo querrá que yo diga, que yo sienta, que me arda dentro, que me acelere el corazón y no sólo que me duela,  para que sea motor y no me detenga, algo será, algo digno habrá de contarme esa famosa Paz, algo  querrá que yo eliga, algo querrá que yo defienda...

Y no me vean con esa cara, quiten esas sonrisas burlonas de sus rostros, que no estoy hablando  de iniciar un movimiento mesiánico y  no soy ¨enviada¨ de la paz, ni su ¨elegida¨,  ni cualquier chorrada de estas. Simplemente soy una mujer, una mujer grande, una mujer que sueña...

Que sueña con la Paz...

Ahhh...

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