29 de noviembre de 2010

Un libro

Quiero escribir un libro, alto, pelirojo, de proporciones abundantes, piernas largas y prejuicios cortos, lleno de sueños;  de nostalgias, de dolores,  de alegrías,  de exilos,  de café en las mañanas, de maíz, de harina sin levadura, de  tierras dejadas atrás y cariño por constantes adopciones, casi vicios.
Un libro claro, blanquesino, lechoso, carnaval de buenos días, de malas noches, de caminos largos y carreteras mal hechas,  de crítica constante.  Abundante en palabras quisquillosas; manzanitas, color azul y sonrisas a pesar de capitales negados.
Un libro con esperanza, un libro justo, sin un precio, que tenga un Dios; accesible, cercano, comprensivo, que no este acomodado en su trono, que derrita a todos a su paso, que les revele su amor.
Donde los personajes sean uno y sean todos  a la vez, y allí, bajito, a susurros, estén las manos de todos indicando que no son felices por poseer un diálogo, sino por ser parte de la historia.
Un libro que tenga mucho frío, un frío constante, que aparezca huyéndole en todas las escenas y por lo tanto, que esté el sol muy presente, dándole fuerte a cada uno de los poros empapelados.
Quiero escribir un libro, un libro bueno, pero tampoco sin maldad, sin colores pasteles, pero tampoco con exceso de borgoñas, simplemente un libro, que le guste a quien lo lea y que cuando lo haga, tenga una sonrisa esperándolo en el espejo.

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