19 de septiembre de 2012

Del Diario de una lengua atorada


Martes  22 de marzo


La primavera se fue el año pasado y prometió que volvería, oficialmente ayer debería de haberlo hecho, pero yo siento mucho frío, mucho, tanto que le he pedido a Z que encienda el fuego, que cierre las puertas, las ventanas, que cerremos los ojos, los oídos, y hagamos de esta casa un mundo-capullo, porque la señora primavera prometió volver, pero ya tiene un día de retraso.

Un día descubrí que las flores también podían rodearme, masajear cada pequeño nervio que me compone y estimularlo con los aromas que sólo yo puedo percibir, dejar sus pétalos como ofrendas en el altar en el que me convierto, sí, las flores tienen un buen sabor, sobre todo las flores de calabaza

Las flores también están dentro de sus casas, esperanzadas pero recluidas  dentro de sí mismas, no se han abierto aún, todavía no nos dejan admirar la belleza de sus corolas, pero yo las entiendo, es porque esperan a la primavera, que ayer, día 21, debería de haber ¨checado tarjeta¨ en el reloj de las estaciones, pero quizá este año vuelva un poco más tarde de lo prometido, a lo mejor está confundida como yo y no sabe a dónde llegar, quizá no sabe cuál es su tierra.


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