30 de septiembre de 2012

memorias de una Licantropa

Tú eres mi luna, también la de hoy, la de esta noche, la que salió a caminar  por algunos metros sobre el nivel del mar de esta Provincia perdida en la costumbre, para recordarme los espejos en los que nos hemos visto, aires en los que nos hemos contraído, gozo de nuestras andanzas, las que nos han endulzado la agonía de otra desolación, de otro destierro, de otro exilio

Tú eres mi luna, veneno de Licantropia que ha venido a recordarme la primera y última vez que nos vimos a la cara

Tú eres mi luna plena, elixir del Golfo Pérsico, que como allí no te he vuelto a ver jamás, aunque eras tú aquella vez que nos cruzamos en Egipto, navegantes del Rio Nilo y camina desiertos de Sudán,  aunque eras tú la de aquel desierto de Samalayuca en una llenura de octubre, aunque eras tú la que cubrías con tu luz las orillas del Pacífico de San Blas

Aunque eras tú, aunque has sido siempre tú la que se deja contemplar, sólo una noche me haz mirado, sólo aquella de Febrero, sólo allí, sólo bajo ese cielo y cantándome en árabe. Ningún otro día, en ningun otro lugar, sólo allí me has visto a los ojos y sólo allí los quiero recordar.

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