14 de febrero de 2013

Ella

Había una mujer con mis ojos, mi forma de labios, mi naríz e incluso el lunar de mi mejilla izquierda. Cuando la descubrí tuve miedo de alzar la vista, era tan parecida a mí que me aterrorizaba su mirada. Andaba con los ojos grandes e inquietos, el cabello rojo  y la piel llena de cicatríces. Estaba detrás de la caja registradora de una villa turística fantasma, con el techo que le caía a pedazos, mesas largas a las que le faltaban sillas y dos hombres que jugaban a las cartas en la única mesa pequeña.  La luz entraba desde afuera y a pesar de la decadencia  y el calor pegajoso del lugar, se respiraba alegría.  Enfrente de la puerta  habían 3 escalones construídos con madera de barríl, los recuerdo muy bien porque les dirigía la vista cada vez que me sentía incómoda.

Ella sonreía con sus dientes chuecos, tanto, como los míos, estaba conciente de nuestro parecido, pero no se le veía incómoda, yo en cambio no sabía cómo actuar, ni qué decir. ¿Qué puedes hacer en estas circunstancias?  Llegas y dices: ¿Te has dado cuenta de nuestro inmenso parecido? o ¿Acaso, tu padre o tu madre visitaron la Ciudad de México por el año 1985? Claro, en el hipotético caso de que esta realidad fuera similar a la que vives normalmente  y tu cumpleaños no haya cambiado, no sé, al 5 o al 7 de septiembre y por lo tanto tú tengas los mismos años, los mismos días y las mismas horas.  Pero ella me sonríe siempre, como habituada, como si ésta no fuera la primera vez que le sucede toparse a una persona tan parecida a ella. Y su tranquilidad me inquieta tanto, tanto como la idea de que anden por allí, sueltas, tantas como yo. 

Entonces, invadida de tristeza por no sentirme única, miro detrás de la ventana que su cuerpo cubre y me doy cuenta que pasan los bañantes con pelotas de playa, dirigiéndose a la piscina de agua verde para jugar con los colchones inflables, metiéndole una banderita en la punta. Un chico le pregunta a una señora si quiere ser la primera en abordar su nave y ella le responde con un sí, lanzándose sobre el colchón con tanta euforia que ella misma se desinfla... desinflándolo todo.

Entonces abro los ojos y empiezo a escribir. 

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